
Fotografía: Juan Carlos Mendizabal
Brotaste con el silencio de la aurora, fulgurante y briosa.
Con un color que encandila mis pupilas y hace palpitar mi corazón porque denota vida.
Fotografía: Juan Carlos Mendizabal
Brotaste con el silencio de la aurora, fulgurante y briosa.
Con un color que encandila mis pupilas y hace palpitar mi corazón porque denota vida.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Han perdido para siempre, su brillo incandecente. Se han tornado tristes y esquivos en el trancurso del tiempo perdido.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Luces el reflejo del sol adormecido pero vibrante del invierno. Pétalos de amor, ternura y de deseo. Combinación de colores vivos y agresivos, ante el turbión de luz fulgurante de la tarde. Me enamora el esplendor que brota incandecente de tu flor vírgen e inocente, rociada simplemente de pura frescura invernal.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Transportadas por el soplido del viento otoñal, se posan en el cielo, brillantes, majestuosas, las nubes. Demostrando tristeza por los recuerdos de tantos amigos que se fueron en medio del rigor de la pandemia. Ya no los veremos, no sentiremos sus risas, sus penas o alegrías. Los que vamos quedando viviremos continuamente atemorizados, pidiendo al Señor un poco de tiempo para seguir amando a nuestros hijos. Mientras oscurece el cielo y en el cenit se reflejan aún, LOS JASPES DORADOS DEL OCASO.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Son cosas tan grandes para olvidar, cantaba melodiosamente Roberto Carlos.
Detalles, como variadas flores de bellos colores repartidas en un delicado racimo, pueden hacer de la mujer, un mundo.
Y sin duda, el amor se conquista con DETALLES.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Lila a morado, vibrantes colores celestiales. Diríamos obispales.
Lucen estas bellas flores, como mironas silentes en medio de un encierro triste pero necesario.
El dolor que toca muchas puertas, contrasta con la alegría despierta de tus pétalos, radiantes a la luz ya casi efímera del sol, porque se vá una vez más la tarde.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Nacidas bajo la brisa mañanera fría del Otoño, despertaron sonrientes con sus pétalos de vivísimos colores, adornando el jardín de casa que ya empezaba a tornarse triste.
Late entusiasta mi corazón al descubrirlas temprano de mañana, porque pese al encierro casi obligatorio que causa la pandemia, me brindan la alegría que no todo es muerte.
La vida vuestra aún persiste.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Mi paseo diario por el jardín de casa, hoy me dió un tremendo susto. Acostumbrado a parlotear con las flores de los maceteros, hacerles una pequeña caricia a sus pétalos que se resisten al otoño, me acerqué como de costumbre al que aún conserva margaritas despiertas.
Empezaba a posar mis manos y de súbito, de entremedio, salió un pajarillo volando. Su aleteo obviamente hizo ruido, al alejarse casi entre mis manos.
No fué sino una señal de purísimo amor. Aquella pequeña avecilla había anidado entre las flores que yo también cuidaba con purísimo amor.
Fotografía Juan Carlos Mendizabal
Así como otros frutos y diversas flores y plantas adornan el jardín de casa, una maceta mediana cobija estos tiernos locotos que yá han adquirido un intenso color verde y hasta hoy han evadido en la altura a las plagas que son frecuentes para esta planta.
El eximio escritor kochala Carlos Eduardo Scott Moreno, con quién tuve la dicha de compartir el colegio comentaba que el también cultiva tomates.
Pués bien, voy a pensar en positivo para que pueda recoger sus frutos, como yo deseo recoger los míos.
Fotografía: Juan Carlos Mendizabal Fierro
Así como las flores te alegran el espíritu, los frutos cultivados en huerto propio, te solazan el alma y te proporcionan profunda alegría. Cada mañana su imagen te levanta y apresurado sales a contemplar si creció o cambió de color. Un Pimentón, solo uno. Al que cuidas y contemplas diariamente, te hace la vida diferente. Es cómo cuidar un niño. Es un ser viviente que acompaña tu vida día a día.
Apronte Literario 2020.
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